En otro artículo hemos analizado la publicidad desarrollada por los promotores inmobiliarios para captar compradores durante el período 1960 hasta el 2010. En esa publicación se veía la evolución desde el dibujo hasta el 3D, pasando por la maqueta, junto a la utilización de mensajes publicitarios para captar la atención del público, tanto nacional como extranjero. Ya vimos la importancia que tenía el naming de las edificaciones y su valor para ser un atractivo ante el potencial comprador. Abordamos este texto, para conocer en mayor profundidad los nombres que se otorgan a las edificaciones, los distintos tipos que se dan y la rotulación que se hace en las construcciones para dar visibilidad a las construcciones.
Precedentes
De entrada, lo de dar nombre y firmar las construcciones no es algo propio y exclusivo del siglo XX. Es algo que desde época romana ya se hacía en los edificios pero, es en el siglo XX cuando se produce su auge.

El sentimiento de propiedad y poder trasladar al resto de la sociedad que son dominios propios, lleva a la presencia de cartelería y rotulaciones en las propias casas o villas señoriales de principios del siglo XX. Los Horts, Villas o las “Casas de”, creadas por las familias burguesas en zonas agrarias, mostraban a la entrada de las mismas ese elemento realizado en cerámica o en hierro donde se daba nombre a la propiedad. Se trataba de un naming asociado a la toponimia local o al nombre familiar. Se utilizaba ya que la extensión de la influencia de la construcción no quedaba circunscrita a una zona local donde anteriormente se sostenía por una comunicación oral. Ahora el ámbito de estas edificaciones es más amplio, con un público de otras zonas que necesitaban ese elemento físico que ayudase a su localización. También las villas de costa daban nombre a la construcción, sirva de ejemplo la villa “Costa Blanca” una edificación de estilo neoclásico en los acantilados del faro de Cullera.
Su rótulo realizado con letras corpóreas de color verde en cerámica es un clásico de los rótulos de las villas de principios del siglo XX.
El boom de los nombres
Con el boom constructivo provocado por el desarrollismo turístico desde mediados del siglo XX, se extienden a lo largo de la costa valenciana todo un conjunto de torres de apartamentos. Unas edificaciones que tienen la necesidad de ser reconocidas, vistas y localizadas, de tal forma que no sirva simplemente con saber su emplazamiento a nivel de calle y número de patio sino tener una rotulación bien visible desde cualquier punto.
Será el periodo entre 1960 y finales de la década de los 80, cuando se extienda este elemento de dar nombre a la edificación, siendo un componente más del marketing inmobiliario. Su importancia será tan grande que para estos nuevos compradores les dará un sentimiento de pertenencia y a la vez, de poder identificar el espacio geográfico. La población se ubicará geográficamente según el nombre de los edificios, tomando los mismos más importancia que el nombre de las calles. Esta percepción geográfica tiene varios motivos de explicación y uno de ellos será que las nuevas construcciones aparecieron antes que las calles. Curioso fenómeno donde los residentes se ubican según donde se encuentra un determinado edificio que por donde se sitúa la calle.
El urbanismo de estos años es un autentico caos. No hay una planificación urbana. Se dan licencias de construcción en zonas donde no hay servicios básicos de luz, agua y alcantarillado. Se habla de “polígonos urbanos” ya que no hay calles y sí las hay, tienen únicamente un número provisional. Por tanto, no nos debe extrañar que sea otro factor para que al usuario de a pie de calle sea más capaz de ubicarse por el letrero y el naming de un edificio que por un camino, calle o carretera que no tiene nombre asignado.
No hay que olvidar que estamos hablando de segunda residencia. Es decir, se busca la captación de clases sociales con un nivel socioeconómico medio-alto que puedan permitirse abordar la adquisición de una vivienda vacacional. Por tanto, no es una necesidad como ocurre con una primera vivienda que lleva al comprador a dar el paso sin un deseo aspiracional. El posible comprador quiere disfrutar de su novedoso tiempo de ocio en un mundo diferente con ensoñaciones idealizadas. Esa exclusividad, diferenciación y pertenencia a un mundo diferente se traslada desde la publicidad de los inmuebles con las ultimas comodidades hasta el naming de los edificios.
No se llama a los edificios con nombres ramplones y comunes. Se dan namings a las edificaciones para engrandecer a las mismas y para que el comprador se una a la misma desarrollando un sentimiento de pertenencia.
La taxonomía de los nombres
Tomando como base la zona de Cullera, hemos realizado una posible clasificación en las siguientes categorías:
Homenaje familiar
Son rara avis y se encuentran más asociados a los pequeños promotores, que, alejados del marketing, bautizan al edificio con un nombre relacionado con su madre, esposa o hijos. Un ejemplo es el caso del edificio Mercedes en la calle Nevers en la zona del faro.
Al final, es la fórmula que tiene el constructor de dejar su impronta en el territorio mediante una obra que la define como propia y por ello, le asigna el nombre familiar. Otros ejemplos de esta categoría pueden ser los edificios Don Pepe y Mar Berta.
La geografía evocadora
Es una categoría donde encontramos referencias que asocian la edificación a un paisaje evocador y que trasciende al infinito. Son nombres que no se asocian a una zona concreta ya que sirven para un edificio en Gandía como en Torremolinos. Son los casos de Mare Nostrum, Bahía, Las Dunas, Monte Mar, Miralmar, Arenal o el Bahía Park.
Hay nombres que hoy en día ya no son tan bien vistos. Es el caso de Pleno Sol pero, en su momento a finales de los años 60 era un valor en alza ante los posibles compradores. Hay casos extraños donde se inventan palabras con inspiraciones de otros idiomas con el fin de resaltar su valor. Es el caso de Le Panoramic, un término que no es francés pero, que resulta entendible para el comprador de raíces latinas.
El exotismo internacional
En esta categoría, muchos promotores marcaron a sus edificaciones con nombres que trasladaban a los compradores a otras latitudes, en ocasiones plenas de exotismo, es el caso del edificio Hawaii, Las Vegas o Miami. En ocasiones, se asocian las referencias con otros países europeos en la búsqueda del comprador de esa procedencia y en asociar la nueva construcción a la solera de un palacio, barrio o avenida. Así, se llama a los edificios como Holanda, Campos Eliseos, Versalles, Saint Germain, Trianon o Lyon.
En esa búsqueda de dar un marchamo internacional al nombre del edificio, hay promotores que les asigna un naming en inglés. Es el caso de los edificios Standing 1 y Standing 2. Aquí, se quiere asociar la exclusividad del recinto a la hora de captar al posible comprador.
La belleza floral, el mar y la luz
Todo un clásico asociar la mole constructiva con la tranquilidad y el sosiego de la naturaleza. Las flores y el paisaje marino sirven para marcar a la construcción y que el propietario piense más en los valores de la flora que en el simple ladrillo. Son términos como Florazar donde se crea una nueva palabra con la fusión de flor y azahar. También nombres como Mar y Luz, Mar y Sol, Brisa Mar, Tamarindos o Los bahía de los Naranjos.
La mitología y lo cosmológico
Es una clasificación donde los promotores asignaban sus construcciones a unos nombres que trascendían la existencia terrenal. Son edificaciones que superan la realidad más cruenta para, llevar a los compradores a un olimpo reservado para los dioses. Son edificios como Orión, Nereidas, Cruz del Sur, Estrella Polar, Neptuno, Atlántida, Nautilo o Kronos.
La Toponimia
La virtud de la toponimia es su posibilidad de enlazar el naming del edificio con un término utilizado en la zona, virtud que permite resultar más fácil su localización.
Asociarse a los términos utilizados en el territorio ayudará a su ubicación. También, el promotor utilizará los topónimos que ensalzan el edificio y no lo minusvaloran. Es el caso de los edificios L’Illa, Cap de Mar, Punta Negra, Pedregal del Faro, Santa Marta, Cala Blanca, Concha de Oro, Sucro, Urbanización Casa d’Anna, Cap de Faro, Cala Rocosa, Nova Bega, Cap Blanc o La Rada. Además se crean nuevos términos mediante la unión de dos palabras, es el caso de RacoMar, FaroMar o Camialmar.
Mención aparte merece la nueva zona de costa en Sueca que fue bautizada como Mareny Blau donde se asocia un poco con la toponimia local. Se olvida el Mareny de Vilxes para asociarlo únicamente con el color del mar. Todo ello acompañado de una identidad que permanece más allá de los finales de los años 60 del siglo XX con su formidable cartel de Andreu Alfaro.
La rotulación de los edificios
Esa mentalidad de pertenencia a un edificio por medio del naming se encuentra asociada a su visibilidad mediante la rotulación.
En un entramado de construcciones de segundas residencias sobre calles y caminos anónimos, la presencia de una rotulación en los edificios permitía su identificación y por tanto, su localización. Además, no se abordaba únicamente como un elemento que identificase la puerta de entrada del edificio sino, un elemento gráfico que fuese capaz de ser bien visto, incluso a kilómetros de distancia. Esa es una de las grandes novedades del boom constructivo turístico ya que la rotulación toma unas dimensiones considerables, con esa finalidad de ser bien visto y memorable para todo el que pasease por la zona. Letreros realizados en forja, en ladrillo o pintados en fachada, formarán parte de los edificios y trasladarán una estética junto a unas técnicas de realización interesantes de analizar.
El hierro forjado
Resultaba muy común en las villas señoriales que la puerta de entrada en metal estuviese coronada por el nombre asignado a la edificación. Esa tradición, se sigue trasladando a las puertas de entrada de las torres de apartamentos y en menor medida, en grandes rótulos en los edificios de playa, ya que estaban más expuestos a las inclemencias de la humedad y el salitre. En algunos de esos primeros edificios de los años 60, vemos este tipo de rótulos normalmente realizados con tipografías por una caligrafía ligada.
La utilización del hierro forjado, pero, ya aceptando su oxidación se ha implantado en las diferentes décadas y así encontramos ejemplos de mediados de los 70 como el Atlántida Residencial o los adosados de Punta Negra en el primer decenio del siglo XXI.
La Cerámica
En la Comunidad Valenciana hay una amplia tradición en la utilización del azulejo cerámico. Dicha presencia lleva a que se instale para crear los letreros de los nombres de los edificios en sus puertas de entrada, pero, incluso tendrá presencia para erigir murales cerámicos de dimensiones amplias. Un claro ejemplo, es el mural cerámico del edificio Florazar 1, donde el nombre del edificio aparece acompañado de elementos relacionados con el sol, el mar y la playa.
Uno de los más elegantes es el rotulo del edificio Bahía en la playa de l’Illa en el faro de Cullera. Realizadas las letras del rotulo en cerámica de color blanco, proporcionan un volumen al nombre que hace que destaque. Su tipografía Sans Serif geométrica con una influencia de la escuela Bauhaus, resalta su claridad y le da un sentido bien visible a este edificio, construido en los años 60 del siglo XX.
Siguiendo la tradición valenciana hay diferentes ejemplos de composición del nombre mediante el azulejo pintado. Es el caso del elegante letrero del Cap de Mar o del edificio Vell Mar.
La pintura
Será uno de los elementos más utilizados ya que resulta más económico a la hora de ser plasmado sobre una fachada. Desde mediados de los 60 y hasta comienzos de los 80, se implementará en diversas fachadas y medianeras de los edificios. Mediante tipografías gruesas y colores llamativos se escriben los nombres de los edificios. Es el caso de los rótulos de edificios como Calablanca, Orión, Cala Rocosa, Cruz del Sur, La Rada, Estrella Polar, Montemar o Mare Nostrum con unas dimensiones considerables y acordes al volumen de las construcciones.
Hay ejemplos curiosos. Es el caso del llamativo rótulo con una tipografía de estilo helénico del edificio Nereidas, realizado a mediados de los 80.
Uno de los problemas de estas obras, es su rehabilitación ya que en algunos casos se respeta la obra, pero, en otras es pasto de su renovación, tanto de formato como de estilo. En algunos casos puede ser que se justifique por un motivo de mantenimiento y seguridad con la sustitución de los elementos cerámicos o de forja por la pintura.
Otro caso, es uno de los edificios de apartamentos más antiguos de Cullera, El Galeón, donde se sustituyó el dibujo de la embarcación pirata y el rótulo por uno más simplificado con su nombre. La reducción de costes obliga a este tipo de decisiones y hace desaparecer un elemento simbólico de la zona de San Antonio.
En otros casos, se sustituye la tipografía pintada en el edificio por otra, pudiendo ser que mejore la rotulación o que la convierta en un aspecto deplorable. Sirva de ejemplo la rehabilitación del edificio Mediterráneo con un rótulo pintado en una tipografía más propia de un cómic.
Hay otros casos donde se ha mantenido la tipografía original y lo que representa en la simbología del propio edificio. Sirva de ejemplo los rótulos del edificio Los Cármenes.
Luminoso
Dentro de esta tipología de rótulos, encuadramos aquellos que se han realizado en metal y metacrilato con la funcionalidad de ser luminosos. Son letreros que ya no tienen grandes dimensiones, pero, son suficientes para destacar y llamar la atención de los viandantes. Es el caso de rótulos como los de Miralmar o el Pedregal. Estos letreros tienen una presencia en edificaciones realizadas en los años 70 del siglo XX hasta construcciones realizadas a finales de los 90.
Las técnicas de instalación de los rótulos en los edificios
Los grandes rótulos presentes en las fachadas o las medianeras son los que llaman más la atención por el tipo de instalación que se debe de realizar. Actualmente, resulta complejo recurrir a una grúa o un elevador que permita a los operarios llevar a término su instalación. Con las posibilidades de la informática, se pueden calcular las dimensiones del rótulo para su creación o simular como tiene que ser el espacio para ser pintado. Por tanto, tiene una complejidad manifiesta.
Sí retrocedemos a los años 60 o 70 del siglo XX, resulta mucho más dificultosa esta instalación. Así, las tareas de pintura o de instalación sobre las fachadas se debían de realizar mediante operarios atados con cuerdas o con plataformas sencillas que permitiesen hacer estos trabajos. Es, por ello que cuando veamos estos rótulos en las fachadas pensemos en la laboriosidad, riesgo y precisión que debieron tener los artistas, pintores y operarios en su instalación.
La protección patrimonial de los rótulos
La protección legal de la rotulación histórica en España es un terreno complejo donde se cruzan las normativas de patrimonio histórico, el urbanismo municipal y, en ocasiones, la voluntad popular. A diferencia de un monumento, un rótulo suele ser considerado «publicidad», lo que lo hace vulnerable. En el marco de la legislación nacional, la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español es la base de todo. Aunque no menciona específicamente los «rótulos», define como patrimonio los bienes de interés «artístico, histórico, científico o técnico». Así dentro del llamado patrimonio etnográfico hay rótulos antiguos que se protegen bajo esta categoría al considerarse testimonios de la vida cotidiana y el comercio de una época determinada.
Pero, existen más posibilidades dentro de las ordenanzas municipales de los ayuntamientos y las opciones implementadas a nivel de protección patrimonial. Hay otro factor a tener en cuenta que es la ley de Propiedad Horizontal y las potestades que tiene una comunidad de vecinos en la toma de decisiones. Así, por ejemplo sí un rótulo se encuentra integrado dentro del catálogo de bienes protegidos del ayuntamiento, la comunidad de vecinos no puede retirarlo de su fachada. En la parte contraria, y si no existe una protección patrimonial, la comunidad de vecinos puede tomar la decisión de sustituirlo o modificarlo simplemente con la mayoría de votos.
Es lo que pasó con la sustitución del mural cerámico del edificio Florazar 1 recayente a la playa. Donde el mural de colores vivos fue sustituido por un rótulo pintado con el nombre del edificio. Entendemos que la cuestión de proteger la fachada, lleve a quitar las losetas y poner únicamente el cemento. Una solución más económica que rehabilitar y volver a instalar el mural.
Llegados a este punto y centrando la mirada en el municipio de Cullera, es difícil pensar que exista una protección hacia algunos de estos rótulos y que los mismos puedan permanecer. El paso del tiempo será inexorable y quedará únicamente el testimonio gráfico de su existencia durante unos años. Ojalá que no sea así y se produzca un mínimo interés por la protección de este patrimonio etnográfico.
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