El espigón de punta Negra

Las zonas turísticas y sus nuevos desarrollos turísticos buscan nuevos elementos de atracción para  inversores y visitantes. Un puerto deportivo ayuda a revalorizar un proyecto de construcción vinculado a la segunda residencia. Durante mucho tiempo no ha existido una valoración de los impactos ambientales. Un puerto deportivo se valoraba más por su capacidad para atraer ingresos económicos que por los costes medioambientales . En la década de los 70 del siglo XX no existía una concienciación sobre el medio natural. Por lo tanto, la línea de costa es un recurso más que se puede y debe explotar económicamente. 

A finales de 1978, se construye un espigón con forma de L inversa en el saliente de la Punta Negra entre las calas de l’illa y  Cap Blanc.  Dicho espigón construido con rocas supone una barrera en la circulación del oleaje, siendo contrario al predominante en la zona con dirección Oeste. 

La crisis económica provoca el fracaso del proyecto de urbanización del entorno de Cap Blanc y a la vez, el puerto deportivo. No llega a funcionar con disposición de amarres y únicamente sirve para el abrigo de las embarcaciones en época veraniega. Dicha construcción, realizada contra natura al oleaje del área, necesitaba de un mantenimiento continuo para su supervivencia. El fracaso de la empresa constructora ocasiona el abandono del espacio, circunstancia que provoca su colmatación con bancos de arena, la rotura de tramos del dique y todo el  proceso de acumulación de arenas en las dos calas colindantes.En el trabajo de Ricardo Brocal, María José López García y Josep E.Pardo Pascual[1] sobre la dinámica del sector Cullera-Tavernes se explica como el Cabo de Cullera actúa  como una barrera permeable al paso de los sedimentos que proceden del norte. En realidad, el cabo de Cullera sólo funciona como barrera al paso de sedimentos con oleajes tranquilos, momentos en que el transporte es mínimo, mientras en situaciones de temporal permite el paso de las arenas en su transporte hacia el sur.

Tal y como indican estos autores, la obra del puerto deportivo de Cap Blanc provocá “deriva arriba” un fuerte avance de la playa (de hasta 140 metros) en los primeros 500 metros de playa y un claro retroceso (que en ciertos lugares supera los 80 metros) en una amplia zona de casi un kilometro de distancia. Ello es debido a la disposición de la costa desde el Cabo de Cullera hacia el sur, donde solo puede recibir oleajes del E. o del SE, lo que implica, dada su orientación, que con cualquier oleaje el transporte de arenas  sea hacia el oeste.

Espigón punta negra y playa de los Olivos Finales de los 90En las playas de L’Illa y Cap Blanc, con el desmantelamiento en noviembre de 1992 de los diques del puerto deportivo de Cap Blanc, se inicia una serie de actuaciones para poder recuperar la costa original. Se eliminó en su totalidad el dique exterior y se recortó el dique interior, aquel que arranca de la costa, con el fin de que quede como un pequeño espigón. Se realizó un recrecimiento artificial del perfil de la playa de l’Illa en una zona que quedaba deprimida, mediante el aporte de arenas de la misma playa.

También de forma paralela se restauró en 1992 el espigón del Hotel Sicania y se retiraron ocho espigones de la playa del Racó y se vertieron 18.000 m3 de arenas de la platja del cap Blanc a lo largo de 600 metros en el extremo norte de la playa. En 1994 se depositaron 40.000 m3 de arena a lo largo de 1.000 metros lineales en la playa del Racó con material de la playa de l’Illa y la de Cap Blanc.

En este ejemplo se comprueba cómo las acciones urbanísticas en la línea de costa tienen efectos en el medio natural de forma casi inmediata. Frente a otras acciones antrópicas es en el medio natural donde sus efectos pueden empezar a manifestarse a largo plazo, las actuaciones en la deriva litoral se manifiestan de forma clara en muy poco tiempo.  Durante muchos años el proyecto de puerto deportivo no fue problema ya que la utilidad de puerto se había perdido. La acumulación de arena era una ventaja para la concentración de visitantes turísticos que acudían a la zona. Ahora bien, dicha acumulación significaba que los sedimentos no se acumulaban en otros espacios. La erosión de la playa del Racó y su ausencia de arena motivó la actuación de las autoridades ya  que suponía una molestia para los visitantes turísticos de dicha zona. Por lo tanto, solamente los propios intereses turísticos han motivado corregir  las acciones antrópicas realizadas en la zona. No existe un respeto por el medio natural sino es por el propio interés económico.

 

[1]Análisis de la evolución de la línea de costa en el litoral valenciano mediante SIG e Imágenes de satélite. El sector Cullera-Tavernes (1956-1999). Ricardo Brocal, María José López García y Josep E.Pardo Pascual. Geomorfologia litoral i cuaternari: homenatge al professor Vicenç M. Rosello i Verger.Eulàlia Sanjaume, Joan F. Mateu, eds. PUV. 2005.

 

 

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